Ramon Fonst, maestro de esgrima y diabetico

XXXLimagenA Ramón Fonst Segundo, el mejor esgrimista cubano de todos los tiempos, no le alcanzaban las vitrinas de su hogar para atesorar las medallas que ganó, la gran mayoría del color amarillo, porque muy pocos se dieron el lujo de derrotarlo alguna vez. Y no solo en escenarios deportivos, pues en el campo del honor también tuvo sus duelos, o más bien sus retos, porque solo una vez le aceptaron el desafío, y tampoco pudo concluirlo.

Fue con un maestro de apellido Rivas, y Fonst lo explicó así a la prensa: “Tuvimos una dificultad, y él contestó mi reto. Cuando comenzábamos el encuentro, los jueces estimaron conveniente suspender el lance. No hubo vencedor ni vencido. Me alegré después de todo, era una buena persona, aunque ¿no es una tragedia que de cien retos solamente haya aceptado una persona y el duelo se convirtiera en frustración?”

Fonst fue campeón de florete de Francia a los once años de edad, … y el primer latinoamericano campeón en los Juegos Olímpicos, al imponerse en espada y lograr el segundo puesto en la prueba profesional en París, 1900. La revista Bohemia publicó las declaraciones poco antes de su muerte:

“Cuando gané el campeonato olímpico, en el año 1900, contaba sólo 17 años, y a pesar de la franca y potente hostilidad de los jueces, que no sólo veían en mí a un extranjero, a un latinoamericano, a un intruso, sino a un muchacho que debía únicamente estar estudiando en liceo y no derrotando a ídolos consagrados”.

Aumentó el medallero de Cuba en Juegos Olímpicos, con destacadas actuaciones en las pruebas de florete y espada de la tercera edición de San Luis, en 1904. Tras conseguir preseas de oro y plata en la espada durante la anterior cita (Atenas 1900), el acero del sobresaliente deportista, primer campeón olímpico de América Latina, se hizo sentir nuevamente en las pistas estadounidenses. De esa forma se convirtió en el único esgrimista en la historia de los Juegos, hasta nuestros días, que ha logrado dos medallas de oro en esa veleidosa modalidad.

No solo prestigió el mundo de la esgrima. También practicó con acierto otras disciplinas como el denominado boxeo francés, ciclismo y tiro. Se mantuvo en activo durante unos 40 años, sobre todo en la primera de las disciplinas mencionadas. Baste decir que siendo aún muy joven, en el breve lapso de un año, ganó 64 medallas , 44 de ellas en tiro de pistola, y el resto en torneos de espada y carreras de bicicletas.

En 1915 es realizada la Exposición de San Francisco en California y, como era habitual, se incluyó un certamen de esgrima en las tres armas. El maestro Fonst triunfó por partida triple, en calidad de invicto, venciendo a más de cien adversarios, según reseñan los periódicos de la época. Como reconocimiento, a su regreso es proclamado tirador de esgrima amateurs hors classe, o sea, fuera de clase, por la Federación Nacional, que le concede a partir de ese momento una plaza en el equipo Cuba sin someterse a eliminatorias.

Nunca se apartó de los entrenamientos, y para los Juegos Olímpicos de 1924, de nuevo en París, se creó una gran expectación en torno a su participación. Clasificó en las primeras eliminatorias y pasó a la semifinal. Para el pase a la final (discusión de medallas) el combate fue con el inglés Charles Briscos y culminó con un desenlace inesperado… Espectadores que atendían con celo las acciones del disputado asalto, aseguraron que la hoja de acero esgrimida por el capitán del equipo cubano se deslizó hacia delante y su punta tocó el cuerpo rival. Briscos, en prueba de exquisita caballerosidad, exclamó: ¡Tocado!, para seguidamente saludar con su arma, quitarse la careta y estrechar la mano de Fonst.

Todos consideraron terminado el asalto, menos algunos miembros del jurado que lograron la continuación del match. Momentos después se declaró que nuestro representante había sido tocado. En ese propio evento las parcialidades de los jueces provocaron la retirada de Lucien Gaudien, quien no aceptó seguir compitiendo ante tanta injusticia.

No se cansó de acumular victorias: titular centroamericano de sable, florete y espada (1926); repitió en las dos últimas armas en el certamen de 1930 (La Habana), sin siquiera un toque en contra, en diez asaltos de florete y once en espada. Una lesión en el pie le obligó a retirarse de la batalla en la restante especialidad, cuando estaba invicto en cinco asaltos.

En 1938 sube nuevamente a la plancha, ¡con 55 años! En el estadio olímpico de Panamá, como integrante del equipo cubano a los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe, y lo impulsó decididamente hacia la medalla de oro, la sexta en su haber en este tipo de certámenes.

Esta fue su última aparición en eventos oficiales; aunque el insigne esgrimista realmente nunca “colgó el sable”, porque hasta avanzada edad tiraba asaltos de exhibición y con amigos en el patio de su casa. También volcó sus fuerzas a prestigiar la enseñanza de la educación física en las escuelas y motivó las competencias interplanteles docentes, en aras de crear un ambiente deportivo en el país. Sirve de juez principal en cuanto evento se realiza, participa en cuanto tope de esgrima lo invitan. Luchaba contra el anonimato, porque le temía.

A los 76 años de edad, Fonst funge como asesor del departamento de Educación Física y Deportes del Ministerio de Educación y con ese cargo muere en 1959 en el Centro Médico Julio Sanguily de la capital cubana, tras un coma diabético el 4 de septiembre.

XXXLimagen Cuba en Noticias – Ramón Fonst, nunca segundo

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