Un niño obeso de feliz a deprimido

XXXLimagenIsolina Riaño Galán es médica, especializada en pediatría y trabaja en el Hospital San Agustín de Avilés, donde en colaboración con otros profesionales sanitarios y representantes de la Universidad de Oviedo ha iniciado recientemente una investigación que consiste en detectar y analizar futuros factores de riesgo cardiovascular en niños obesos. Ex presidenta de Medicus Mundi Asturias y colabora en actividades relativas a la bioética, Riaño considera «fundamental» la implicación de las familias en la prevención de enfermedades como diabetes en los menores.
-¿Un niño obeso qué riesgos corre de adulto?

-El sobrepeso y la obesidad infantil y adolescente aumentan el riesgo de padecer obesidad en la edad adulta, así como la prevalencia de factores de riesgo cardiovascular clásicos, como el perfil lipídico aterogénico (por ejemplo, colesterol), la hipertensión arterial, la intolerancia a la glucosa y la diabetes tipo 2. Estas enfermedades, «de mayores», ya las empezamos a ver incluso en los niños.
-¿Cómo hay que actuar en casos de sobrepeso infantil?

-¿A qué se refiere con casos graves?

-España es el tercer país europeo en cuanto a obesidad infantil. ¿El área sanitaria avilesina sigue esta tendencia?
-Habría que estudiar a fondo cada caso pero, en principio, sí seguimos la tendencia. Una tendencia que tiene costes muy altos, tanto directos como indirectos derivados de la obesidad. El Ministerio de Sanidad y Consumo cifra en unos 2.500 millones de euros anuales (un 7% del gasto sanitario nacional anual ) lo que ha conducido a la elaboración de campañas gubernamentales encaminadas a intentar revertir esta tendencia, con especial atención a la población infantil.
-¿Por qué este boom de la obesidad infantil?

-Desde hace treinta años la obesidad en niños crece cada vez más. Se ha perdido la dieta mediterránea, los niños ya no comen a media mañana un bocadillo sino que comen un «snack», lo que les provoca una hiperglucemia (exceso de azúcar) con liberación de insulina que da paso a una hipoglucemia (falta de azúcar). A su vez, los niños han pasado de una infancia dinámica a sedentaria. Es más fácil, siempre lo digo, solucionar la malnutrición que la obesidad en el primer mundo porque supone, más que dietas, el cambio de hábitos.
-Los pediatras ofrecen pautas, pero ¿cuál es el papel de las familias?

-Las familias tienen un papel fundamental. Los pediatras debemos trabajar, sobre todo, la prevención y, en casos extremos, ofrecer curas. Las familias son, sin obsesionarse, las que pueden evitar que un niño sea un adulto enfermo, físico y psíquico. Nosotros también estudiamos la calidad de vida en los niños, cómo perciben ellos sus salud.
-¿Y cómo se ven?
Con 7 u 8 años son, hablando claro, gordos felices, se creen superiores a otros niños, incluso con más fuerza para acosar a sus compañeros. Un poco mayores, con 13 o 14 años, la obesidad les afecta a la autoestima.
-¿El remedio?

-Una actuación integral, desayunar bien, evitar la bollería industrial, hacer ejercicio… En definitiva, la obesidad tiene un remedio que es adquirir hábitos de vida saludable. Otra cosa muy importante que a veces se pasa por alto es la lactancia materna.
-¿Beneficia o perjudica?

-La lactancia materna previene la obesidad, según la Organización Mundial de la Salud, los bebés hasta seis meses deben alimentarse de leche materna.

«Un niño obeso de 7 años se siente superior y feliz; con 13, deprimido»

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