Filosofia del crudivorismo

Los cuerpos vivos son prodigiosos estadios evolutivos de la naturaleza. La separación entre un mamífero y una ameba es de millones de años, muchos más que la que ésta guarda con un insecto, pero ambos, el insecto y el mamífero tienen prodigiosos mecanismos preparados para la supervivencia. La vida, inteligente o no, es la organización de moléculas de una especie para la adaptación al espacio y la obtención de recursos.

El ser humano es el primer animal que ha decidido dominar la naturaleza para mejorar sus privilegios en el planeta. Al hacerlo y, lo que es peor, conseguirlo, no contó con que su intervención en las leyes naturales pondría en serio peligro la supervivencia misma, la suya y la de otras especies.

La llamada de la vuelta a la naturaleza, al respeto a sus leyes básicas y a las pautas existenciales con la protección debida a los seres vivos no es solo una cuestión limitada a la salud física, es también una condición indispensable para la continuidad de la vida misma. Repasemos la relación que guarda la opción individual de llevar una vida natural con la contribución a la Tierra en su conjunto como la madre que nos ha dado la posibilidad de nacer.

La opción por el vegetarianismo ha venido siendo desde antiguo una posibilidad para tener una relación equilibrada con los medios y para no sobre-explotar a otros compañeros de existencia. La evolución al crudivorismo tras comprobar la destrucción de elementos nutricionales con la cocción plantea una forma de vida similar a la de los recolectores primitivos de semillas y frutos.

Una de las imágenes paradisíacas es no tener que trabajar ni siquiera para guisar los alimentos pudiéndolos tomar directamente de los árboles y plantas. Los animales que pastan es lo que hacen. Su pastor los lleva hasta una determinada zona donde pueden ingerir la hierba o los herbívoros sin pastor la encuentran por su propia cuenta.

Humanos evolucionados que llegan a la conclusión de vivir de acuerdo a pautas crudivoristas saben que no necesitan de la cocción ni de toda la parafernalia añadida para tener cuerpos sanos y vigorosos. Los alimentos precocinados vienen sumamente destruidos. Compensar la dieta sin carne con astronómicas cantidades de platos vegetarianos no deja de ser otra forma auto lesiva. En realidad, el cuerpo humano está sobresaturado de alimentos y de energetizantes sobrecargándolo en demasía y acortándole su esperanza de vida potencial.

La fórmula de comer poco y sano es ampliamente popular, sin embargo la gastronomía es presentada como una de las expresiones culturales más arraigadas de los pueblos y viajar lleva un poco probar las modalidades de los sitios para inferir, a través de sus gustos, el tipo de historia y vida que han tenido. La vía rápida para ser distinto de los demás es comiendo distinto o no comer lo que ellos comen.

En todas partes los establecimientos que más existen son los lugares en los que los encuentros sociales pasan por el rito de beber o comer algo, lo que sea. Raramente cuando alguien tiene un hambre voraz deja de hacerlo. Para eso hay que tener mucha conciencia del peligro y del error ético de comer determinados productos. La mayoría de estómagos andantes se dejan vencer – no solo algunas veces ocasionales- por comidas que saben que son inapropiadas. Parodiando a Hegel cuando decía que esclavo es aquel que no está dispuesto a morir, podríamos aplicar la fórmula que contaminado o servil es aquel que no sabe decir no a la urgencia de la carne o a la invitación en un placer que pasa por el paladar, sabiendo que es nefasto para su organismo y a pesar de todo accediese a ello, convirtiéndose en esclavo de ese placer oral.

Es inconcebible la historia de las relaciones humanas sin su gastronomía y a la vez, es inconcebible la responsabilidad de ésta detrás de no pocas patologías. Nos encontramos ante dos factores mutuamente contradictorios. De una parte, la comida y la bebida van asociadas a la sociabilidad y de otra, los excesos y una buena parte de las ingestas van vinculadas a la enfermedad. Hay algo más, en los encuentros social-festivos con la ingesta se está socializando un determinado tipo de placer. El que pasa por el paladar.

Todos los placeres corporales pasan por sus agujeros anatómicos. Tragar y evacuar son la doble versión de los mismos. Los actos sexuales tienen que ver con el recibir y también con el expulsar. Es conocida la sublimación del instinto sexual a la pulsión innecesaria del comer. El ser humano está pegado a esa cadena biológica de la que no se desengancha. Los otros animales cuando devoran inquietos sus presas o cuando comen sin respiro las raciones que les damos en el patio parece que también cumplen una función de placer. Tras la comida, el ronroneo, la siesta, la inacción.

La comida cruda en unas condiciones ideales de proliferación de especies vegetales (en los jardines edénicos) sería la alternativa sin duda alguna. Otra cosa es averiguar que clase de mundo seria necesario para que fuera la alternativa de masas. Para empezar hay pocos miles de personas que hagan su demanda, la inmensa mayoría por millones de personas quiere la pitanza, quiere tragar, quiere el producto premasticado, quiere el azúcar, quiere la sal, quiera el deshecho. Passolini en sus escatologías cinematográficas no duda en simbolizar ese proceso social de servidumbre a los productos dados como ingestas directas de excrementos. En las condiciones de una economía industrial que ha hecho de la comida envasada uno de sus iconos, tener la crudívora por alternativa se hace más difícil. Hay que ir tras los frutos ahí donde, por clima, se producen o cultivar las propias hortalizas en una nueva cultura agraria libre de pesticidas. Hacerlo significa priorizar tal actividad en la agenda cotidiana. Para el perfil de los sujetos ultra activos que quieren vivirlo y hacerlo todo, tener por añadidura tiempo para su huerto no es nada fácil. Por eso los fast food perdón los sheet food vienen triunfando. En cuanto a los restaurants ni siquiera los vegetarianos se han potenciado y muchos de ellos son híbridos proponiendo menús con contenidos más que objetables. De existir una cadena de restaurantes vegetarianos crudívoros sin inclusión de carpaccios probablemente su clientelismo regular crecería. ¿Qué figura empresarial se arriesgará a poner en funcionamiento una cadena de establecimientos de este tipo? La pregunta es también para los responsables sanitarios de la salud comunitaria, ¿porqué se sigue con tanta investigación tecnológica y farmacéutica en la cura de las enfermedades y tan poca en su prevención y en particular en la de los alimentos como medicamentos? Una sociedad con alimentos básicos avalados por su cualidad natural libres de transgénicos y protectores químicos evitaría que fuera menos gente a los hospitales. Si no se investiga es porque la sanidad es uno de los negocios más rentables de todos los tiempos.

El acto de comer más allá de su función nutricional cumple la social y la del placer ya mencionadas. Sentarse a la mesa es un ritual. Salir de restaurant es otro. La gente para celebrar algo piensa en llenar la panza. Eso y el alcohol son los altares de devoción más consagrados. Para comer es interesante que se cumpla una condición esencial: tener hambre. No siempre es así, a partir de comer se excitan los centros del apetito.

La educación alimentaria libraría de las tonterías programáticas a los comensales de comer 5, 3 o 2 veces y comería cuando de verdad tuviera hambre. Cuando decides seguir este criterio los demás se te echan encima aplicando ideas reproducidas de memoria y te auguran que vas a castigar tu cuerpo comiendo menos. En principio quien come menos a partir de unas dosis mínimas que repongan todo el gasto corporal consumido tiene mayor perspectiva de longevidad. Esto choca con el placer del comer y el placer de hacerlo en compañía con otros comensales. Es un placer en sí mismo que conecta al individuo con los regalos de la naturaleza y llena literalmente sus vacíos: sus vísceras. El cuerpo tiende a buscar satisfacciones y una de ellas pasa por el comer. Eso está detrás del hecho de que su economía física quede subordinada a una sensación de bienestar aunque lleve a complicaciones posteriores.

Es perfectamente posible una nueva cultura alimentaria no disociada del placer pasándola por la comida cruda y el higienismo radical impidiendo el paso por el esófago y por los pulmones de toda clase de elementos tóxicos pero eso requiere poner el tema de la alimentación en el prácticamente primero de los temas existenciales relegando a un segundo plano a todos los demás. Para ello hay que plantearse opciones radicales como vivir en un ambiente neorrural que lo permita o disponer de circuitos de suministros bien organizados en el medio urbano. Incluso en las ciudades empieza a haber huertos compartidos regulados por los municipios, una antigua propuesta que ha encontrado eco institucional al menos en Barcelona. La insistencia de un nuevo tipo de forma de comer está dentro de un proceso revolucionario. El mundo cambiaría completamente sólo conque la gente abandonara sus hábitos de ingesta predominantemente tóxica y recuperara su relación con las fuentes agrarias de creación de alimentos.

[1] http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/FOROLEER?id=668693

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