Propuestas Nutricionales Anti-Edad

El antiguo deseo de mantener la juventud

A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre y la mujer siempre han deseado vivir conservando la salud y la energía de la juventud. Durante miles de años se han desarrollado técnicas y cuidados para alcanzar la longevidad. Desde las técnicas de meditación hasta los cuidados balnearios, pasando por recetas culinarias específicas y alimentos semisagrados, la búsqueda del “elixir de la eterna juventud” ha estado presente desde tiempos inmemoriales en las más diversas culturas.

En la actualidad dicho afán sigue vigente, quizás con intensidad desmedida y con informaciones que no siempre son acertadas. El organismo, como cualquier estructura mecánica, sufre un desgaste, pero como estructura excepcional nos permite vivir muchos años. La esperanza de vida ha aumentado en los países desarrollados y, al mismo tiempo, un número importante de afecciones crónicas afectan a las personas. El intercambio celular, la obtención de energía y la reposición de tejidos, entre otros sistemas, se van ralentizando, los vasos de transporte se van obstruyendo como le ocurre a cualquier conducto por el que circula un fluido de diferente composición química. Entre el fluido y la conducción puede haber unas relaciones y una afectación, cuanto más inocuo sea el fluido que se conduce, más tiempo durarán los vasos en buenas condiciones.

¿Qué supone que el cuerpo se mantenga lo más joven posible?

El mantenimiento de la juventud y la lucha contra el tiempo implica, entre otras acciones, y en términos fisiológicos, lo siguiente:

– Mantenimiento de vasos circulatorios sanos, limpios y flexibles. Libres de depósitos que obstruyen el paso de la sangre, con la flexibilidad y el tono adecuados para poder acomodarse a las condiciones cambiantes. Esto significa que la sangre que circula por ellos debe ser fluida y no transportar sustancias que dañen o “corroan” los vasos. Estamos refiriéndonos principalmente a un nivel de colesterol y triglicéridos adecuado, y a una función antioxidante que realmente funcione.

– Piel tersa y flexible, lo mismo que los vasos, tonificada en su punto justo, para que pueda seguir siendo una hermosa defensa.

– Tendones flexibles, huesos fuertes, músculos que puedan contraerse y relajarse cómodamente permitiendo que todo el conjunto locomotor funcione sin mayores limitaciones. En cuanto a músculos, el músculo cardiaco, merecerá una atención especial, sus válvulas deben igualmente, seguir siendo eficaces.

– Función digestiva adecuada.

– Sistema inmunitario capaz de defender de infecciones y agresiones.

– Acción antioxidante conservada. Éste es uno de los puntos más importantes, ya que un nivel de oxidación elevado supone un envejecimiento prematuro de los tejidos, un recambio celular lento y un deterioro de estructuras que dejan de ser funcionales: la mácula ya no es tan transparente y los ojos no ven bien, la piel se engrosa, los vasos sanguíneos se endurecen, se dañan e incluso se ulceran, las mucosas pierden su integridad, los procesos inflamatorios no remiten, los tejidos cerebrales y nerviosos se destruyen con mayor rapidez, el sistema inmunitario se desequilibra, se pueden formar procesos degenerativos, etc.

– Acción catalítica conservada. Las funciones que realizan las enzimas como biosistemas catalizadores es indispensable, por ello la formación de enzimas y la presencia de coenzimas debe estar asegurada.

– Acción detoxicante conservada. Junto con las dos anteriores, ésta también es de vital importancia, dado que por el envejecimiento todos los procesos se ralentizan, incluso los procesos de limpieza y detoxicación del organismo con lo que sustancias que no deberían permanecer en el interior ejercen su efecto perjudicial por el simple hecho de no haber sido neutralizadas o eliminadas convenientemente. “Convenientemente” en términos fisiológicos y en cualquier tipo de proceso, significa: “bien y a tiempo”.

Por otra parte:

– Capacidad intelectual conservada, procesos memorísticos aceptables.
– Alegría de vivir.

Así, se observa como las recomendaciones de sustancias anti-edad en general presentan estas acciones que antes comentábamos, y muy especialmente acciones antioxidantes.

Nutrientes anti-edad

A partir de los 50, aunque se suele comer menos cantidad pues las necesidades energéticas ya no son tan importantes, no se deben desatender los requerimientos de vitaminas y minerales pues sus funciones son insustituibles, por lo que en cualquier propuesta de cuidado antienvejecimiento es interesante incluir un multimineral y multivitamínico, haciendo especial hincapié en el ácido fólico, vitaminas A, C, E, K, D, grupo B, hierro, calcio, magnesio, selenio, cromo, zinc, cobre, manganeso, silicio, azufre.

Vamos a destacar alguna de las funciones más interesantes de las sustancias nombradas, sin analizar todas las funciones en detalle, ni todas las sustancias importantes, pues nos excederíamos de la longitud de este artículo.

El azufre merece una mención especial pues una función principal suya es participar en reacciones de desintoxicación, y numerosas sustancias lo contienen, por ejemplo aminoácidos como cisteína, metionina y taurina y el sistema glutation (importante protector hepático). La alcachofa y el cardo mariano son buenos aliados para el cuidado del hígado y de la sangre que circula más purificada y con menos grasas.

La luteína y la zeaxantina van a ejercer una beneficiosa protección de la mácula ayudando a evitar la degeneración macular y la pérdida paulatina de visión que se asocia al envejecimiento. Éstas, junto con otras sustancias de acción también antioxidante como el extracto de mirtilo o de semilla de uva, cuidan de nuestros ojos cuando nos hacemos mayores. Debemos mencionar entonces la vitamina A y el beta-caroteno (la mejor forma para administrarla), por su mejora de la visión nocturna.

El cuidado del sistema locomotor requiere aportes de sulfato de glucosamina, para ayudar a nutrir bien el cartílago y evitar su deterioro, manteniendo la funcionalidad de las articulaciones; el magnesio, va a ayudar a una correcta contracción muscular, esencial para el corazón; el silicio apoya a los tendones. Los huesos necesitan principalmente calcio y vitamina D para que éste sea absorbido, pero es importante el aporte de minerales en general cuando ha habido o existen situaciones de acidez que hacen disminuir la cantidad de minerales almacenada en los huesos para evitar osteoporosis.

Se considera muy interesante la acción de la coenzima Q10 (ubiquinona) por su general efecto antioxidante y especialmente, en lo que nos compete en este artículo, por su beneficio al sistema cardiovascular, previniendo de ataques cardiacos. Con relación al cuidado del corazón y de los vasos sanguíneos también encontramos aminoácidos como arginina y taurina, y la carnitina, que pueden disminuir las tasas de colesterol y disminuir la hipertensión.

Para cuidar bien del sistema circulatorio, el extracto estandarizado de ginkgo (Ginkgo biloba) es una de las plantas medicinales más apreciadas, pues su acción vasotónica se manifiesta principalmente en el cerebro, ayudando a mantener y mejorar la memoria y los procesos intelectuales. El extracto estandarizado de mirtilo (Vaccinium mirtillus) así mismo ayuda a reforzar los pequeños capilares (protege al colágeno de los mismos) evitando la fragilidad que hace que se rompan con facilidad. También sustancias que son pigmentos en las plantas como flavonoides, carotenoides ayudan por su poder antioxidante y su afinidad por ciertos tejidos, protegiéndolos. Un tipo concreto de flavonoides, las antocianidinas han demostrado su capacidad para proteger las tramas de colágeno por lo que muchos tejidos se ven beneficiados, los vasos sanguíneos por ejemplo, pero también la piel que mantiene su tersura y su tono, incluso suavizándose las líneas de expresión con un uso continuado. Esta acción se ve complementada cuando se apoya con el mirtilo.

También el beta caroteno nos ofrece un interesante beneficio para el buen estado de la piel, al mismo tiempo que la protege de las radiaciones solares perjudiciales. Tradicionalmente se han considerado que las vitaminas A, C y E, junto con el selenio eran los agentes antioxidantes más potentes, y siguen siendo muy importantes actuando cada una en sus sistemas diana, sin embargo en los últimos tiempos estamos conociendo los beneficios antioxidantes y anti-radicales libres de otras sustancias de origen vegetal que ya hemos nombrado.

El té verde es una planta de uso muy antiguo cuyos polifenoles ayudan a prevenir determinados tipos de cáncer, ayuda a subir las defensas y a proteger las arterias del daño por oxidación y por el exceso de lipoproteínas LDL (colesterol “malo”).

El zinc interviene en numerosos sistemas enzimáticos y en la regulación de ejes hormonales en los que participa la hipófisis, así como del correcto funcionamiento del páncreas junto con el cromo.

Para finalizar, una suplementación con probióticos y prebióticos es también importante. Se asegura el equilibrio de la flora intestinal, la piel y las mucosas se verán beneficiadas, manteniendo su integridad y flexibilidad. Los ácidos grasos esenciales ayudan a hidratar la piel desde el interior, pues con el envejecimiento la piel se suele desecar, así mismo pueden participar en acciones antiinflamatorias articulares y acciones protectoras cardiovasculares.

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